Introducción

Cinco semanas después de colocar el Boss CE-2W en la pedalera, la conclusión es nítida: si solo vas a tener un chorus, es este. La reedición Waza Craft reúne en una carcasa compacta fabricada en Japón los dos circuitos que definieron el efecto, el CE-2 de 1979 y el CE-1 que lo precedió, con la propina de un modo vibrato hechizante y una salida estéreo. El sonido es cálido, en movimiento, musical de inmediato, muy lejos de los chorus digitales metálicos que enemistaron a toda una generación con este efecto. El debate está en el precio, real para un pedal de dos mandos. Tras enchufarlo a todo lo que el estudio tiene en materia de amplificadores, creemos que está justificado. Vamos con la demostración.

Diseño y construcción

El CE-2W retoma la carcasa compacta de Boss, prácticamente inalterada desde 1977, con la librea azul cielo del CE-2 original y la serigrafía «Waza Craft» que señala las reediciones de gama alta fabricadas en Japón. La construcción admite pocos comentarios de lo contrastada que está: placa metálica de pisada, conmutador silencioso fiable, compartimento de pila bajo la placa accesible sin herramientas. Es el formato que ha sobrevivido a décadas de giras, y este ejemplar no es una excepción: nada se mueve, nada cruje.

El frontal alinea dos potenciómetros, Rate y Depth, y un pequeño selector de tres posiciones que lo cambia todo: Standard para el circuito CE-2, CE-1 Chorus y CE-1 Vibrato para las dos voces del antecesor. Sin ajuste de nivel, sin mezcla, sin tono: Boss asume la filosofía de origen, en la que la dosificación se hace de oído entre velocidad y profundidad. Los puristas del control total lo lamentarán; el resto agradecerá encontrar un buen sonido en menos de diez segundos, literalmente.

Bajo el capó, el circuito es íntegramente analógico, basado en líneas de retardo BBD como en los originales. Una segunda salida de jack convierte el pedal en una máquina estéreo en los modos CE-1, detalle que cobrará toda su importancia más abajo.

Sonido

Primero el modo Standard: es el CE-2, el chorus que has escuchado en cientos de discos entre 1979 y hoy. Rate a las 10, Depth a las 12, y el limpio adopta esa ondulación líquida, cálida, ligeramente irregular, que engorda el sonido sin ahogarlo nunca. Es sutil, orgánico y totalmente ajeno a ese brillo gélido que caricaturiza el efecto en los malos recuerdos de los ochenta. En los arpegios, el efecto es suntuoso; en los acordes rasgueados, aporta un movimiento discreto que hace sonar el amplificador como si estuviera mejor ajustado que la víspera.

El modo CE-1 Chorus amplía y oscurece el cuadro: la modulación es más lenta, más profunda, con un grano más espeso heredado del previo del original. Es el territorio de los sonidos a lo Andy Summers, y es nuestro ajuste favorito en estéreo. Porque conectado a dos amplificadores, señal seca a la izquierda y modulada a la derecha, el CE-2W produce una anchura de imagen que ya no tiene nada de efecto puesto encima del sonido: la guitarra flota físicamente entre las cajas. Pocos pedales justifican por sí solos un segundo amplificador; este es uno de ellos.

El modo Vibrato, por último, es la sorpresa del lote: una modulación de altura pura, pronunciada, hipnótica, inutilizable en un acompañamiento sobrio e irresistible sobre un arpegio flotante o un solo psicodélico. Con Depth al máximo se roza el altavoz rotatorio; con parquedad, es un color que lo digital reproduce con dificultad de forma tan natural.

Una reserva por honestidad: el circuito analógico sisea ligeramente, como sus antepasados. En un limpio muy pulcro a volumen alto se oye un siseo discreto con el pedal activado. En contexto de ejecución, desaparece bajo la primera nota.

En condiciones reales

En la pedalera, el CE-2W encontró su sitio después de las saturaciones y antes de un delay, la configuración clásica que mantiene la modulación definida. Delante del canal limpio de nuestro Fender Blues Junior IV, la combinación es un tópico ochentero por una buena razón: funciona de maravilla.

En el uso, la ausencia de menús y presets resultó ser una virtud de directo: dos mandos visibles, ajustables con la punta del pie entre dos temas, ningún modo oculto. La comparación con los chorus de un multiefectos digital es instructiva: las emulaciones digitales se acercan dignamente al timbre, pero el comportamiento dinámico del BBD analógico, esa forma de reaccionar al ataque y de suavizarse en las notas sostenidas, conserva una ventaja tanto al oído como bajo los dedos.

La única carencia real constatada en cinco semanas: un control de nivel habría permitido compensar el ligerísimo aumento de volumen percibido en modo CE-1, herencia fiel del original que un ajuste moderno habría civilizado.

Relación calidad-precio

El posicionamiento del CE-2W es claro: cuesta lo que dos pedales de chorus solventes, para un aparato que contiene tres históricos. La ecuación depende, por tanto, enteramente de tu relación con el efecto. Si el chorus es un color ocasional en tu forma de tocar, un multiefectos o un pedal más simple prestará el mismo servicio aparente por menos dinero. Si es un componente de tu sonido, el CE-2W es probablemente la compra definitiva, la que pone fin a la búsqueda, con la fabricación japonesa y el sólido valor de reventa de los Waza Craft como garantía de la inversión.

Comparado con el precio de los CE-1 y CE-2 vintage en funcionamiento, la cifra se vuelve incluso razonable: obtienes los dos circuitos, sin las averías de un aparato cuarentón ni la lotería de los ejemplares cansados.

Veredicto final

El Boss CE-2W es de esas reediciones que reconcilian con un efecto entero: cálido, musical, expresivo, recuerda por qué el chorus dominó una década antes de ser caricaturizado. Los tres voicings cubren todo el espectro útil del efecto, del temblor discreto al torbellino psicodélico, y el estéreo de los modos CE-1 es una experiencia que marca.

Se dirige a los enamorados del chorus que quieren la versión definitiva, a los cazadores de sonidos limpios ochenteros y a los dueños de dos amplificadores que aún no lo saben. Quienes usan el chorus como condimento ocasional encontrarán su sitio por la mitad de precio en lo digital. Para el resto, son dos mandos, un selector y, probablemente, el último chorus que compres.

Precios a título orientativo.


Análisis realizado durante cinco semanas, en casa y en el local de ensayo, en mono delante de un combo a válvulas y después en estéreo con dos amplificadores, con Stratocaster y guitarra con humbuckers, en limpio y en crunch.